lunes, 22 de marzo de 2010

Lo que tus ojos aún no ven

Valle de Elah en Israel, donde David venció a Goliat.


Siguiendo instrucciones de Dios, David fue ungido por Samuel como rey de Israel (1 Samuel 16:1-13), sin embargo hubo un proceso que tomó tiempo hasta que finalmente David ocupó el trono. Antes de que esto sucediera David, a los ojos de los hombres, siguió siendo un humilde pastor que cuidaba sus ovejas y era menospreciado por sus hermanos. Entretanto el desechado Saúl era para todos el rey de Israel.

Éste es un ejemplo que nos muestra claramente que muchas veces la realidad que nuestros ojos ven es opuesta radicalmente a lo que Dios declara y a sus promesas, mientras no llega el tiempo en que lo que Dios prometió o declaró sea evidente a nuestros ojos, es decir, se materialice.

David lo sabía, por eso cuando Goliat se dirigía al ejército de Israel de manera jactanciosa, y los israelitas - incluído el rey Saúl- temblaban de miedo, intimidados; David - puestos los ojos en la realidad espiritual (no la aparente)- preguntó: "¿quién es éste filisteo incircunciso, para que provoque a los escuadrones del Dios viviente?". El gigante era un simple filisteo incircunciso, fuera de la promesa de Dios; y el ejército israelita que temblaba de miedo era ni más ni menos que los escuadrones del Dios viviente (1 Samuel 17). Y David venció al gigante.

Abraham también lo sabía. El no tomó en cuenta lo que sus ojos veían (su cuerpo anciano de cien años y la matriz estéril de su anciana esposa) porque creía firmemente en la promesa que Dios le hizo de que le daría una descendencia como la arena del mar (Romanos 4:18-20); sabiendo que Dios "da vida a los muertos y llama a las cosas que no son como si fuesen" (Romanos 4:16-17). Y Abraham recibió lo que Dios le prometió.

Hay dos tipos de cosas que debemos creer aunque no las veamos: los hechos que Dios declara y sus promesas. Un hecho es algo que ya sucedió, por lo que no tenemos que orar para tenerlo, sino declarar y creer porque son realidades espirituales como nuestra salvación, que Dios nos eligió, que Dios nos ama y tiene planes para nosotros, que estamos sentados en lugares celestiales con Cristo, que somos templo del Espíritu Santo (todos estos hechos para los que hemos aceptado a Jesús como nuestro Salvador). Una promesa, en cambio, es algo que Dios dice que hará por nosotros.

La Biblia está llena de hechos que debemos conocer y vivir con gozo, y de promesas ante las que solo tenemos que orar con fe para que Dios las haga realidad en nuestra vida.

Las Escrituras enseñan que "lo que se ve fue hecho de lo que no se veía" (Hebreos 11:3) y los creyentes debemos vivir en fe y por fe.

Vive con la convicción de lo que Dios ya hizo y con la certeza de que Dios hará lo que prometió.

Mayte Alayón Afonso, San Antonio de los Altos, Marzo de 2010


Notas: las referencias de las Sagradas Escrituras fueron tomadas de la versión Reina-Valera 1960.

5 comentarios:

  1. Simplemente gracias por deleitarme con esta reflexión.

    que estes muy bien, bendiciones

    Au revoir, Adios, bye & Adio

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  2. Hola Diego, seguro ni imaginas lo gratas que han sido tus palabras para mí... me dieron alegría y ánimo. Gracias a tí por pasar por aquí y dejar tus siempre bienvenidos comentarios.

    Que el Señor derrame sobre ti sus preciosas bendiciones!!

    Au revoir!

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  3. Amiguita mía y querida hermana: Gracias, Gracias, Gracias . . . con G mayúscula!!!!!. Dios te continúe usuando de tan sabia manera. Ha sido de bendición para mí . . . y de seguro para todos los que tengan la gracia de pasar por este rinconcito.
    Dios te bendiga sobreabundantemente!!!!, Biby

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  4. Gracias Biby! De verdad que Dios es bueno y su misericordia es para siempre... no hay nada bueno que no hayamos recibido de El.
    Me alegra que te pueda servir de ayuda, porque te quiero mucho y tu bendición será mi bendición.
    Un abrazo grande!!

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  5. Mayte que lindo lo que has escrito, que esl Señor te continúe usando y bendiciendo, te quiero mucho. Maritza

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